20Abr
By: El Libro Editorial Encendido: abril 20, 2016 In: Consejos Comments: 0

Bloqueo del escritor, síndrome de la página en blanco, falta de inspiración… Da igual el nombre que le pongamos, el resultado siempre es el mismo: nosotros, delante del ordenador, intentando que de nuestra cabeza salga algo más que humo. Y así una hora, dos, tres. Hasta que asumimos que sí, que estamos estancados, que por mucho que nos empeñemos en sacar adelante esa escena o llevar a buen puerto ese diálogo, no lo conseguiremos. Al menos, en ese preciso momento. Y nos ponemos nerviosos. Y nos frustramos. Pero, ahí que continuamos: frente a la pantalla en blanco esperando a que llegue la inspiración.

Para esos momentos de desesperación, unos trucos. Cada escritor es diferente. Así que cada uno deberá ver cuál de ellos le funciona mejor.

  • Cambia de actividad. Parece absurdo dejar de escribir para poder hacerlo, pero la verdad es que… funciona. Dúchate, prepara la cena, pasa la aspiradora, ponte las zapatillas de deporte y lánzate a correr. Cualquier cosa que te aleje por unas horas de tu libro y, sobre todo, que ayude a desconectar.  Justamente, cuantas menos vueltas le damos a una idea, más posibilidades tenemos de que esta surja.  Así que, si sales de casa, te recomendamos que lleves contigo una libreta o un blog donde apuntar. La inspiración puede llegar en cualquier momento y hay que estar preparado para ello.
  • Cambia de lugar. A veces, trasladar nuestro lugar de trabajo a otro lugar diferente ayuda. Si estás acostumbrado a escribir en tu estudio, prueba a hacerlo en el comedor o en la terraza. O mejor: coge tu ordenador portátil y acércate al café más cercano. Quizá no seas tan productivo como lo eres cuando escribes en tu casa, pero seguro que el paseo y la conversación del local te nutren de ideas.
  • Inspírate. Estar delante de la pantalla del ordenador, borrando las pocas frases que consigues escribir es agotador y, sobre todo, muy frustrante. En esos momentos de bloqueo mental no viene mal hacer un descanso, coger un libro –da igual cuál- y sumergirnos en el placer de la lectura. Y, de la misma forma que hablamos de libros, lo hacemos de películas o de música. Se trata de hacer algo que nos guste y que nos resulte inspirador. Básicamente porque, en ocasiones, las palabras de otros hacen fluir las nuestras.
  • Pasa página. No te centres en ese párrafo o escena que se te está atragantando. Sáltatelo y pasa al siguiente. Que no te dé miedo dejar espacios en blanco o llenarlos con las típicas xxxx o ____. Nadie te va a juzgar por ello. Eres tú quien marca el ritmo de escritura y puedes permitirte estas pequeñas licencias. Ya retomarás ese fragmento del relato cuando estés preparado.
  • Pon en práctica la escritura libre. Coge papel y bolígrafo y escribe durante 10 o 15 minutos lo que se te ocurra, sin pensar en temas como la ortografía o la gramática. Tampoco en el estilo. De lo que se trata no es de elaborar el texto perfecto. Más bien, de desbloquear nuestra mente y perder el miedo a la página en blanco. Sin pretensiones de ningún tipo. Además de reforzar nuestra confianza, con esta técnica podemos conseguir grandes ideas.
  • Sé previsor y apúntalo todo. Siempre. Sí, como lo lees. Anota cualquier idea que te surja a lo largo del día, cualquier sueño, conversación o texto que te haya llamado la atención. Estas pequeñas anotaciones te pueden ser de utilidad cuando la inspiración no haga acto de prensencia. Y ya sabes que eso, que la inspiración se esfume, pasa más de una vez.

 

 

 

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